martes, 14 de mayo de 2013

Utopías de Borrego: Cifras y qué es ser un periodista


CIFRAS.-Anzoátegui es uno de los estados donde se especula con mayor saña. No ahora. Ese ha sido un comportamiento de toda la vida. Puerto La Cruz fue catalogada como la ciudad más cara del país junto a Puerto Ordaz y por encima, ambas, de Caracas. Nunca, ninguna autoridad le ha puesto empeño a combatir este corrosivo flagelo. Nunca y sin excepción. Ni antes ni ahora. Ni gobiernos regionales y menos municipales. Los gerentes oficiales son ciegos ante el abuso comercial. La cosa hoy es más seria y perjudica mayormente a quien menos tiene. Los grandes especuladores son los pequeños expendedores de cualquier-cosa en recintos dispuestos específicamente para abaratar la comida del pueblo: los mercados. Igual hacen los buhoneros. Al lado de la policía, de la guardia nacional y de algún fiscal de Indepabis comercializan productos regulados al precio que los obliga su necesidad de ganarse unos churupos. Elías Eljuri los incluye en su estadística como trabajadores. Uno de ellos argumentó que paga un taxi para ir a Macro, compra ciertos productos que vende al doble de la regulación y con eso obtiene una utilidad neta de unos 200 bolívares…ese día. Con ellos come. No sabe si al día siguiente habrá algo que valga la pena en Macro. Igual se cala tres horas de cola para comprar seis kilos de harina Pan. La vende al triple y logra menos de los 200 bolívares. Se trata de una realidad social que no se tapa con la “brillante idea” del general Rodríguez Torres de sacar a la Fuerza Armada a la calle.
QUÉ ES SER PERIODISTA
Hay un ejemplo muy usado, pero no por ello irrelevante: “La noticia no es que el perro mordió a un hombre sino que el hombre mordió a un perro”. ¿La razón? Muy obvia. Igual sucede con el gobernante. La noticia no puede ser que realizó una obra porque, primero, para eso le pidió al elector que lo apoyara y segundo que para construirla recibe el dinero necesario. La noticia es que no haga la obra. Que haya desviado los recursos así sea para otra iniciativa loable. La noticia es que no cumpla con el 100 % de su oferta electoral porque nadie lo obligó a formularla. Y eso ha sido así desde que el periodismo es tal, aunque siempre con los tropiezos usuales los cuales tienen gradación según sea el estilo del gobernante. Un hombre sabio dijo en alguna ocasión “No estoy de acuerdo con lo que dices pero daría mi vida para que pudieras decirlo”. Desde luego que ese era un demócrata y no un burócrata. De manera que cuando un periodista escribe y es responsable de su aseveración no debe existir represalia alguna, a menos que sea por vía jurisdiccional ante una situación rayana en la calumnia. El periodista como cualquier profesional puede errar. Este servidor lo ha hecho. Pero el periodista tiene la obligación (consigo mismo, incluso) de reconocer el yerro y presentar las excusas pertinentes. Este servidor lo ha hecho. Porque igual, el médico se equivoca con riesgo mayor. El abogado se equivoca y perjudica a su cliente. El ingeniero se equivoca y se derrumba el edificio. En estos casos la Ley dispone de penalizaciones acordes con el grado del desliz pero en los casos periodísticos, no es que exista alguna laxitud sino que los “delitos de opinión” son propios de gobiernos autoritarios sin independencia de poderes.



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