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lunes, 10 de octubre de 2011

UTOPÍAS DE BORREGO: EDUARDO


Tuve ocasión de conocer a Eduardo Fernández hace muchos años. Luego hubo un paréntesis en que el líder democristiano se dedicó más al estudio (asumirlo y brindarlo) en Ifedec siempre con la mirada puesta en el país. Por alguna razón Eduardo inscribió su nombre, aun conocedor de su desventaja numérica frente a quienes intentan acceder a la candidatura presidencial. Hizo algunos ejercicios políticos recorriendo al país y ahora inició la fase de enviar mensajes muy serenos para que el elector los medite. Más que arengas electorales Eduardo prefiere la reflexión política. La Visión de País. La preocupación por el Estado. Y los preceptos que deben regir a una nación. Si algo hemos observado en esta suerte de parlamentos es la sindéresis, la seriedad y el espíritu pacífico que transmiten sus palabras. Todo ello sin hipotecar la firmeza que debe prevalecer en cualquier escuela para proponer estadismo. Los lectores conocen nuestra forma de ser periodistas. De tal forma que este trabajo es el reconocimiento moral a un compatriota dedicado a la tan maltratada gestión política y al hecho de que un país tan pequeño geográfica y demográficamente sea capaz de exhibir una acuarela de nombres con muy elevada capacidad para ser jefes de Estado. Pensamos que si en el PSUV hubiera libertad para dirimir similar efecto también dentro del partido oficial emergerían voces inteligentes para la discusión inteligente. (Alguna vez será) En el receso Eduardo enfoca un país que requiere de un esfuerzo supremo para encaminarlo por vías de mejor enfoque socio-económico. Para construirlo con mejores bases democráticas. Para evitar las confrontaciones inútiles. En síntesis, para sumar. Para unir.
  Para ser de nuevo los venezolanos que queremos ser y no los que terceros pretenden que seamos. La libertad es el más preciado de los bienes humanos. No podemos ser felices ni aun en jaulas de oro. Y con ese mensaje, Eduardo, que arrancó de menos cero, ha cobrado algunos puntos en la opinión pública, pese, aunque genere alguna urticaria en su equipo, a la poca moderna concepción de la comunicología política y de la comunicación electoral.