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miércoles, 11 de abril de 2012

UTOPÍAS DE BORREGO: EL CAMARADA “OZZIE” GUILLÉN


Que recuerde al único que siempre le quedaron simpáticas las intemperancias verbales fue a Cassius Clay. “Bocazas” lo mencionaban dada la incontinencia de su locuacidad especialmente en los momentos previos al combate. Pero era que también, casi por regla general, cumplía con las profecías respecto al round en que haría rodar por la vía del KO a su oponente. Además Alí era un tipazo en toda la amplitud de la palabra. Un ícono de la humanidad que supo inscribir su nombre con mucha hidalguía. Otros bocones no han hecho ni hacen más que meter la pata. Al obtener su primera (y única) corona en la gran carpa, Guillén declaró que amaba a Hugo Chávez. 
 
 Para el deportista puro es sacrílego que sus ídolos se embadurnen de lodo político y para quienes lo somos solo a través de las páginas del diario sentimos cierta angustia que nos obliga a ponernos como picados de culebra cada vez que vemos a Guillén. Sin embargo no por ello le deseamos más que el mayor de los éxitos, porque al fin y al cabo es un atleta venezolano que encumbra nuestro gentilicio en el mejor béisbol del mundo. Valga citar que mientras estuvo en Chicago aprovechó las ventiscas de esa bella ciudad para pregonar sus chistes malos y sus posturas arrogantes. La prensa no lo silenció porque para el americano primero el béisbol y después el béisbol. 
 Ahora, recién llegado a Miami, habiéndose ganado el aplauso, el afecto y la admiración de un pueblo impregnado de cubanismo hasta la médula, Oswaldo Guillén comete la burrada de confesar que ama a Fidel Castro. Soltar la lengua nada menos que en el Times para proclamar su admiración por el dictador caribeño que tanto daño ha ocasionado a su pueblo. Y aunque ahora pretende recoger las velas de su errática nave parlanchina, ya esta hizo aguas por doquier y va rumbo al naufragio. La gente de Miami, por obvio, no cree en el acto de contrición de Guillén. Aun después de haber pedido perdón con lágrimas en los ojos (¿a quién le recuerda?) los cubanos siguen pidiendo su cabeza y no tiene nada de extraño que se las ofrezcan. El público que colma el estadio de Miami es latino en un 90 %. Y hasta el gringo que hace el restante 10 % es anticomunista. ¿Se sacrificarán los Marilns por Guillén? No lo creemos. 

lunes, 8 de agosto de 2011

Cuba inicia festejos por los 85 años de Fidel Castro

 Cuba comenzará el martes los festejos por los 85 años que cumple el sábado el ex presidente Fidel Castro, que culminarán con una serenata en el Teatro Karl Marx, sin que aún esté confirmada la asistencia del líder cubano, según los organizadores. El concierto "Todas las voces", organizado por la Fundación Guayasamín, se realizará la noche del martes en la Casa del Alba en La Habana, con la participación de Daniel Viglietti (Uruguay), Raly Barrionuevo (Argentina), Francisco Villa (Chile), Ricardo Flecha (Paraguay), Yordanka Kristova (Bulgaria), el Dúo Buena Fe y Vicente Feliú (Cuba).
(Mayarí, 1926) Revolucionario y estadista cubano. Procedente de una familia de hacendados gallegos, Fidel Castro estudió Derecho en la Universidad de La Habana, en la cual se doctoró en 1950.
Su ideología izquierdista le llevó a participar en actividades revolucionarias desde muy joven, como la sublevación contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo (1947). Desde 1949 militó en el Partido del Pueblo Cubano.
Exiliado en México, en 1952 inició su actividad revolucionaria contra la dictadura del general Batista, que había entregado al país en manos de los intereses norteamericanos. Su primer intento fue el asalto al Cuartel de Moncada en Santiago de Cuba, que se saldó con un fracaso (1953); fracaso militar, pues el cuartel no fue tomado ni provocó la esperada insurrección popular, pero no fracaso político, puesto que aquel acto dio una gran popularidad a sus protagonistas, acrecentada durante el juicio subsiguiente, en el que Castro se defendió a sí mismo y aprovechó para pronunciar un extenso alegato político («La Historia me absolverá»).
Fidel Castro fue condenado a 15 años de prisión, de los que sólo cumplió dos -en la isla de Pinos- merced a un indulto que le puso en libertad en 1955. Se exilió entonces a México, desde donde preparó un segundo intento; pero, habiendo aprendido que su lucha tendría pocas posibilidades de triunfar en un medio urbano, esta vez apostó por crear una guerrilla rural, en la zona más apartada y montañosa del país: la Sierra Maestra, en el Oriente de Cuba.
Desembarcó allí a finales de 1956 con un contingente de sólo 80 hombres (el «Grupo 26 de julio») a bordo del yate Gramma. Dos años después, sus bases en la Sierra eran lo suficientemente sólidas y sus efectivos lo bastante nutridos como para llevar a cabo con éxito la ocupación de Santiago (1958). Desde allí Fidel Castro lanzó la ofensiva final que recorrió la isla de este a oeste, hasta entrar en La Habana en 1959, secundado por sus colaboradores Ernesto Guevara (el Che), Camilo Cienfuegos y su hermano Raúl Castro.

Fidel Castro en La Habana (1961)
Al inicial apoyo del campesinado pobre había seguido el fin de las reticencias del Partido Comunista, que abrió la posibilidad de encontrar apoyo en las ciudades; la dictadura, minada por la corrupción fue incapaz de hacer frente al movimiento popular. El triunfo militar puso a Castro al frente del gobierno cubano, acumulando los cargos de primer ministro y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Sin pérdida de tiempo empezó a hacer realidad los proyectos de cambio que habían suministrado una base social a la Revolución: el más importante de todos, la reforma agraria, que expropiaba las grandes haciendas extranjeras para dar medios de vida a los campesinos pobres (1959); y, enseguida, la nacionalización de los bienes de compañías norteamericanas en Cuba (1960).
Ese indudable contenido nacionalista que tuvo en un principio la Revolución cubana (contra el dominio semicolonial que ejercía Estados Unidos) se transformó dos años después por la dinámica de enfrentamiento con el gobierno norteamericano. Mientras Castro llamaba a una revolución general contra el imperialismo en Latinoamérica (Primera declaración de La Habana), el presidente Eisenhower rompía las relaciones diplomáticas con Cuba y decretaba un embargo comercial destinado a ahogar la economía cubana y forzar la retirada de Castro, ya que Cuba dependía casi totalmente de sus exportaciones a Estados Unidos, fundamentalmente de azúcar (1961). Al sucederle Kennedy no aflojó la presión, sino que se agudizó con la organización de un desembarco de exiliados cubanos armados en la bahía de Cochinos, que fue repelido por el ejército revolucionario (1961).
Después de aquello, Fidel Castro proclamó el carácter marxista-leninista de la Revolución cubana y alineó a su régimen con la política exterior de la Unión Soviética (Segunda declaración de La Habana, 1962); al mismo tiempo eliminó del gobierno a los políticos liberales con los que se había aliado al llegar al poder, y unificó a los grupos políticos que apoyaban la Revolución en un único Partido Unido de la Revolución Socialista.
En 1962 permitió que los soviéticos instalaran en suelo cubano rampas de lanzamiento de misiles con las que podían alcanzarse objetivos en Estados Unidos; descubiertas por el espionaje americano, Kennedy reaccionó con un bloqueo naval a Cuba y la exigencia de retirada de las instalaciones: la consiguiente «crisis de los misiles» estuvo a punto de hacer estallar una guerra nuclear entre las dos superpotencias, que se evitó a última hora al retirar Jruschov los misiles soviéticos a cambio de la promesa de que no habría nuevos intentos de invadir Cuba.
 En 1965 el partido cambió su denominación por la de Partido Comunista de Cuba, del cual fue elegido secretario general el propio Castro; en 1976 acumuló el título de presidente del Consejo de Estado. La presión norteamericana le había convertido en un dictador comunista más, el primero en el hemisferio americano. Bajo la dirección de Fidel Castro, Cuba ha obtenido importantes logros sociales, especialmente visibles en educación y sanidad, materias en las que llegó a constituir un modelo para los países subdesarrollados; pero el coste político y cultural ha sido enorme, pues ha exigido un ejercicio dictatorial del poder, con desprecio de las libertades individuales y del pluralismo, bajo la vigilancia continua de un Estado policial. Ha desarrollado una política exterior muy activa, basada en la lucha contra el imperialismo, destacando el protagonismo del propio Fidel Castro en el Movimiento de Países No Alineados (cuya conferencia presidió en 1980) y la intervención militar cubana en África (en apoyo de los regímenes socialistas de Angola y Etiopía).
La economía planificada de inspiración soviética dio algunos frutos iniciales, racionalizando las inversiones hacia objetivos de interés colectivo y facilitando una mejor distribución de la riqueza; pero, al igual que había ocurrido en la propia Unión Soviética, anuló los incentivos y las iniciativas, aisló al país de las corrientes inversoras internacionales y, finalmente, condujo a un grave estancamiento. Cuando las dificultades económicas de la URSS impidieron que siguiera subvencionando a la retrasada economía cubana, ésta se hundió en una crisis sin precedentes.
No obstante, Castro rehusó introducir reformas en un sentido liberalizador, al estilo de la perestroika que auspiciaba Gorbachov. Salvó así su régimen del hundimiento del resto de los regímenes prosoviéticos y de la propia URSS a finales de los años ochenta y principios de los noventa; y entró en una fase agónica de duración imprevisible, en medio de la intensificación de las presiones norteamericanas.