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jueves, 1 de diciembre de 2011

EL INMENSO DOLOR DE PAULA Y SU FAMILIA

Hoy se cumple exactamente un año desde que Paula Quinán no sabe nada de su hija Marbella y su nieta Yoselín.

EL TIEMPO.- Al abrir la puerta el primero que salta es Dogui. Mueve su cola con desespero. No ladra, algo muy raro en los perros de raza poodle. Detrás de la mascota aparece Paula Quinán de Rodríguez. Es su casa, ubicada en la calle Monagas de Tierra Adentro en Puerto La Cruz.
El porche de la vivienda es el escenario para recordar lo que ha sufrido esta señora de pelo cano y su familia, después de que el lunes 29 de noviembre de 2010 la tercera de sus cuatro hijos, Marbella Guillermina, saliera junto con su hija Yoselín Carolina Laya (nieta de Paula) y un amigo de nombre Oswaldo Avilé con dirección a Caracas a comprar ropa. “El Guillermina se lo puse porque así se llamaba la abuela de Marbella”, comentó Paula.
Todavía en el rostro de esta doña no se nota resignación, quizás impotencia, por las respuestas que aún no llegan. “No sabemos nada, sólo presunciones y suposiciones”.
Hoy a las 10:30 de la noche se cumple exactamente un año desde que la familia Rodríguez Quinán despidió a madre e hija.
“Yo les eché la bendición a las dos, se montaron en el vehículo y a los pocos segundos escuché otro carro que pasó volando, como si los estuvieran siguiendo. Eso me puso muy nerviosa y esa noche no pude dormir”.
Al día siguiente no supieron de estas tres personas, los teléfonos no eran respondidos, a pesar de que repicaban. Los celulares han sido parte fundamental para las averiguaciones que por su cuenta han hecho los familiares, y Paula trata de hacer un recuento sin terminar en llanto.
“Se trató de localizar, a través de Movistar, la ubicación de los Blackberry de Yoselín y de Oswaldo, pero no se logró nada. El de Marbella estuvo prendido (porque repicaba) durante 26 días. Y no me explico cómo el Cicpc dice que ellos cayeron en el río Tuy (Miranda), ¿cómo va a funcionar un celular en el agua?”.
Un primo de las desaparecidas llamó 12 días después (11 de diciembre) y el móvil fue contestado. “Según él, se escuchaba una discusión y al final le preguntaron quién hablaba”. Después de eso  trancaron, y más nunca hubo otro contacto.
Secuencias de hechos perturban aún más la vida de Paula, la de sus otros tres hijos, y la de Vanessa, la hija mayor de Marbella. “La PTJ (Cicpc) nos dice que el carro cayó al río, pero en el sitio (en la autopista Kempis, vía Caracas) aseguran  que fue un Fiat Palio amarillo, y ellos andaban en un Del Rey color beige con listas azules”.
Los primeros días, y al no saber nada de Marbella y Yoselín, los hermanos comenzaron a movilizarse.
Jesús, Barinia y José no dudaron en recorrer varias veces la vía Anzoátegui-Miranda, hasta Caracas, para confirmar las informaciones que les llegaban.
“En junio, una amiga de mi hija recibió un mensaje que decía: Marbella Rodríguez Quinán está en la clínica San Felipe en Caracas. Eso fue a las 4 de la tarde, y al otro día, Barinia, Vanessa y una allegada fueron hasta allá, y encontraron una mujer con el rostro reconstruido, que no podía hablar, y dos hombres, que decían ser su esposo y un amigo, hombres la custodiaban. Vanessa asegura haberle visto rasgos muyvparecidos a los de su mamá. José Alejandro, el menor de mis hijos, pidió permiso en el trabajo para ir hasta la capital, pero ya no había nadie en la clínica”.
El Ministerio Público conoció de esta información. “No dicen nada tampoco, quizá no quieren dar a conocer detalles de las averiguaciones”.
Creer y tener fe
Paula llora e implora por la aparición de sus niñas. “Yo fui al Valle del Espíritu Santo (Margarita) y le hice una promesa a la Virgen”. No dice cuál es.
Tampoco da detalles de una revelación que tuvo, en la que escuchó la voz de Marbella. “Yo estoy segura de que eso puede ayudar en las investigaciones, pero si voy a la Fiscalía y les digo lo que soñé me tildarán de loca”.
En una oportunidad la familia fue hasta el lugar donde presuntamente fueron arrastrados los tres portocruzanos por la crecida del río Tuy, acompañados por un espiritista, para ver si este podía sentir su presencia. Pero fue infructuoso.
A Vanessa es a quien más le ha pegado la despedida forzada de su hermanita y de su mamá. “Eran inseparables. Ella pintó el cuarto y le arregla la cama de vez en cuando. Su carácter cambió y hasta le ha costado seguir en la Universidad”.
Vanessa llora. Paula también. Toda la familia padece. No encuentran ayuda, no hallan respuestas.
Hace un año se les fue un pedazo de vida, se les partió el alma. Hace un año les rodea una mezcla de incertidumbre y esperanza, pero sobre todo les persigue un dolor inmenso.
¿Están vivos? ¿Están muertos? Que alguien responda.